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Considera las siguientes declaraciones:

  1. José parecía felizmente casado. Mató a su esposa.
  2. José parecía felizmente casado. Mató a su esposa para obtener la herencia.

O las siguientes:

  1. El rey murió y la reina murió.
  2. El rey murió y luego la reina murió de pena y dolor.

¿Qué declaraciones consideras más probables? La mayoría de las personas consideran las declaraciones “b” más probables; las declaraciones “a” son una mera sucesión de información, en cambio las “b” una trama.

Intuitivamente para nuestro cerebro es más fácil de guardar y recordar la información contenida en las declaraciones “b”, con este ejercicio estamos viendo la definición y función de una narrativa.

El que las frases “b” nos parezcan más probables a primera vista no es más que un error de lógica, pues las frases “a”, al ser más generales pueden englobar muchas razones por la muerte de la esposa de José o en el segundo caso la muerte de la reina.

Esto demuestra lo mucho preferimos las narrativas sobre los hechos, y como en los mercados siempre queremos (y nos es más fácil) adjuntar una narrativa sobre lo que está sucediendo como por ejemplo en 2003, cuando Hussein fue capturado y observábamos titulares como el siguiente: “Las tasas de Estados Unidos suben, pudiera ser que la captura de Hussein no frene el terrorismo”, tan sólo para horas después ver un titular totalmente inverso: “Las tasas de Estados Unidos bajan, la captura de Hussein incrementa el apetito por activos de riesgo”.

Vemos noticias que constantemente (diario) atribuyen los movimientos del mercado a alguna narrativa, ayer, por ejemplo los mercados caían por la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole el viernes, más no sería raro que si los mercados suben mañana o no hacen nada, veamos la misma narrativa, pero atribuida al movimiento contrario (que los mercados suben por Jackson Hole).

Recurrimos (intuitivamente) a las narrativas porque hacen que el mundo parezca más explicable, o al menos entendible, cuando en realidad es más complejo y aleatorio de lo que nuestro cerebro puede procesar, un claro ejemplo es que, si una misma noticia puede explicar un movimiento al alza o a la baja, en realidad no es causa de nada y los movimientos son probablemente azarosos.

No está mal usar narrativas para obtener atención o explicar cosas, el problema está en que usadas en los lugares incorrectos (como los mercados) pueden ser letales.

Nassim Taleb nos habla sobre las narrativas y las cegueras a las que nos pueden llevar en su libro The Black Swan, una lectura muy interesante.

Inviertan bien, no confíen tanto en las narrativas sobre mercados y compórtense como buenos inversionistas.

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